jueves, 22 de junio de 2017

Dios, échame una mano

Diego Maradona, Peter Shilton y Dios
Una efeméride es, según la Real Academia Española, "un acontecimiento notable que se recuerda en cualquier aniversario de él". En el fútbol, como en muchos otros ámbitos, se celebran muchísimas efemérides. Las más populares suelen recordar campeonatos , finales agónicas y títulos ganados con sangre, sudor y lágrimas. Pero también hay recuerdos de acontecimientos que marcaron un momento del partido, un segundo que quedó en el recuerdo de protagonistas y espectadores y que se suele celebrar siempre que sea posible. Un gol, una parada o una jugada suele quedar tatuada en la retina de los espectadores y con el paso del tiempo va cobrando vida propia, y el gol se acaba marcando desde cada vez mayor distancia, o el delantero se acaba yendo cada vez de más y más defensores. 
Hoy es una de esas efemérides mágicas del fútbol. Hoy se celebran dos de los mejores goles nunca vistos en un Mundial (casi diría que en la historia del fútbol). El 22 de junio de 1986 se jugó en el mítico estadio Azteca de México, el partido correspondiente a los cuartos de final entre Argentina e Inglaterra. La sangre derramada durante la Guerra de las Malvinas aún estaba caliente y ambos equipos pretendían hacer justicia sobre el terreno de juego. Era una vendetta deportiva. Ambos equipos se tenían muchas ganas. 
De los dos goles que marcó Argentina en este partido, hoy voy a hablar solo de uno. El que abrió el marcador. Es el llamado gol de "La mano de Dios". Todo ocurrió muy rápido, demasiado para el ojo humano. Tanto que incluso hoy, más de 30 años después del episodio, cuesta verlo con claridad en las pantallas. Transcurría el minuto 6 de la segunda parte y una jugada de Diego Maradona cambió la historia del fútbol. En un intento de tirar una pared con su compañero Jorge Valdano, el defensor Steve Hodge logró interceptar el balón con la punta del botín, desviando la pelota hacia su portería y, de esa manera, romper el fuera de juego en el que estaba Maradona, dispuesto a recibir la pared de Valdano. Como el balón venía bombeado desde arriba, el portero inglés Peter Shilton se lanzó a por el balón al mismo tiempo que lo hacía el pequeño Diego con su metro y sesenta y cinco centímetros de altura. Como Maradona no llegaba de cabeza, decidió tirar de picaresca y golpeó la pelota con la mano. Mano clara para todos menos para el árbitro tunecino y su asistente. El gol subía al marcador para sorpresa no solo de los ingleses sino incluso del propio Maradona que en el festejo no paraba de mirar a los jueces. Fue Diego quien al finalizar el partido dijo que el gol había sido "un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios". Así es, Dios le había echado una mano.

Ilustración hecha con acuarelas. Comencé con las manchas del cuerpo y las cabezas. El color gris del portero lo hice con rotulador. Para añadir detalles utilicé lápiz y tinta. La mano de la parte superior está pintada con rotulador y el destello del balón lo hice con Adobe Photoshop para darle un tono místico a la composición.

jueves, 15 de junio de 2017

¡Fue sin querer queriendo!

Memo Ochoa
Las expectativas creadas en torno a un futbolista a veces son muy altas. Ponemos el listón tan alto que luego nos asustamos. Es tal la presión que debe soportar la supuesta estrella que luego acaba estrellada. Ejemplos en cada temporada hay muchos y podría hacer un blog hablando solo de estos casos. 
Por poner un ejemplo, esta semana ilustro al "Memo" Ochoa. El mexicano es un auténtico porterazo que, tras brillar en su país, dio el salto a Europa buscando hacerse un hueco entre los grandes. Tuvo la suerte de jugar en Francia y España pero en clubes discretos como el Ajaccio, Málaga y Granada. En los citados clubes se le esperaba como un seguro en la portería, como una garantía. Su suerte quiso que en Francia su equipo encontrase su lugar en la parte baja de la clasificación hasta que en su tercera temporada el descenso a segunda se hizo realidad. Ochoa emigró a la todopoderosa liga española y aterrizó en el Málaga. Llegar con el cartel de estrella y tener por delante a un porterazo como el camerunés Kameni no es algo fácil de digerir ni de asimilar. El mexicano apenas pudo demostrar su valía tras haber hecho un gran mundial (hablo del de Brasil) y acabó jugando pocos partidos de Liga y algunos de Copa. 
El "Memo" no bajó los brazos y se embarcó en la aventura del Granada, propiedad de un millonario asiático que apostó por montar un equipo al más puro estilo "Torre de Babel". El proyecto era ambicioso y con estrellas de la talla del mexicano, pero quizás pecó de poco realista. Pese a ser el portero más goleado esa temporada, también fue récord haciendo paradas. El equipo andaluz acabó en segunda pero Ochoa fue de los futbolistas que más valoró la afición. 
Se puede decir que, pese a ser uno de los mejores porteros que ha tenido la selección mexicana, Guillermo Ochoa no ha tenido suerte en su aventura europea. Se esperaba mucho de él, si, pero tampoco es que estuviese en equipazos en donde pudiera demostrar su valía. Al "Memo" le metieron goles por todos lados mientras él hacía lo imposible por pararlo todo. Si me preguntan si querría tenerle en mi equipo, mi respuesta sería rotunda y afirmativa, si. A Ochoa le han metido goles, si, pero el podría defenderse al más puro estilo Chavo del Ocho: "Fue sin querer queriendo".

El dibujo de Ochoa fue realizado con portaminas Staedler y tinta. Tras escanear el trabajo, retoqué las líneas con Adobe Illustrator para darle más movimiento. El color y el sombreado también lo hice con dicho programa. El barril lo obtuve de un banco de imágenes gratuito y lo coloqué para darle ese toque a Chavo del Ocho.

jueves, 8 de junio de 2017

La poción mágica

Gary Lineker, célebre futbolista inglés que jugó en el Barcelona español del siglo pasado (entre otros equipos), dijo en una ocasión: 
" El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y siempre gana Alemania. "
 Es una muletilla en el fútbol que sale a la luz siempre que ganan los alemanes, aunque no son los únicos. Brasil, España, el Madrid o el Barcelona también son de esos equipos que "siempre ganan" y al hincha que ama otros colores el tema le cansa. Por mucho espectáculo que den, por muchos récords que rompan, uno siempre quiere que su equipo llega arriba del todo y gane "a los de siempre". No quiere quedarse atrás. Y es por eso que muchos equipos juegan con sus propias armas. A falta de un once lleno de estrellas o con un presupuesto más propio de un equipo de barrio, sale a la luz el ingenio. ¡Ojo! No estoy hablando de trampas o juego sucio, más propio del Estudiantes de la Plata de Bilardo (y que podría discutirse si jugar así era una táctica), sino de pequeñas triquiñuelas, ases en la manga que algunos equipos saben jugar cuando mejor les conviene. Por poner un ejemplo ilustrado, hablo de Bolivia. Casi cualquier futbolista que haya tenido que jugar un partido en la altura de La Paz, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, ha sufrido el llamado "mal de altura". Es la falta de adaptación a la hipoxia (falta de oxígeno) de la altitud. Imagine hacer deporte al máximo nivel y que comience a faltarle el oxígeno. Una locura, ¿no?. Tradicionalmente Bolivia no ha tenido equipos muy fuertes ni competitivos, tanto a nivel de clubes como el propio seleccionado nacional. Pese a ello, cualquier rival que haya hecho el ridículo en La Paz (si "googlea" encontrará muchos ejemplos) suele acusar directamente a la altitud. Es por ello que la FIFA, la tan sensata y coherente FIFA, quiso prohibir jugar partidos a más de 2.500 metros por dicho tema. El revuelo, por supuesto, fue considerable. Incluso el presidente boliviano, Evo Morales, logró el apoyo de numerosas personalidades para pelear contra dicha prohibición (Maradona se apuntó, claro). La sangre no llegó al río (pero si a la cabeza) y La Paz sigue albergando partidos oficiales (suele ser sede de la selección cuando juega de local en su país). Y Bolivia sigue siendo segundo por la cola en la clasificación mundialista de Sudamérica. Pese a la altitud de La Paz. Alguien pensó que era la poción mágica, pero resultó que no. Aún así, es su "As" en la manga.

La ilustración de Evo Morales fue hecha con tinta Faber-Castell y rotuladores Kuretake ZIG. El propio sombreado también fue hecho con rotuladores. La ilustración no tiene retoques salvo un equilibrio de color con Adobe Photoshop.

jueves, 1 de junio de 2017

Er Pupone

Llega el verano, ese incómodo lapso de tiempo en el que el fútbol descansa demasiado (por lo menos para nosotros, los futboleros). Salvo algún gran torneo estival, suele ser un momento de reflexión y de hacer balance de la temporada. Unos se van, unos vienen, otros lo han hecho genial y a otros se les señala la puerta de salida.
Pero también están los siempre amargos finales de carrera. El famoso cuelgue de las botas. Los futbolistas que por uno u otro motivo deciden dejar de ser jugadores profesionales. Porque futbolista lo serán toda la vida, no es algo a lo que se pueda renunciar. Los hay que deciden acabar su carrera por alguna lesión o por no encontrar equipo. Y luego están las leyendas. 
Esta semana hablo de Francesco Totti. El talentoso futbolista italiano ha decidido poner punto y final a su trayectoria en las canchas por un tema de edad. Con 40 años y cientos de partidos y goles a sus espaldas, el cuerpo pide descanso y un poco de tranquilidad. Lo curioso en la trayectoria de 25 años como futbolista profesional de Totti es que siempre han sido vistiendo los colores del mismo club, el naranja de la Associazione Sportiva Roma. Si ya es difícil encontrar a un futbolista fiel a unos colores en divisiones inferiores, que Totti lo haya sido en un club de los llamados "grandes" de Italia (y quizás hasta de Europa) dice mucho de él y del club que defendió.
El llamado "fútbol moderno", en el que el futbolista es pura mercancía utilizada para ganar dinero, se caracteriza precisamente por hacer que un jugador se mueva de aquí para allá asesorado por su séquito de representantes que ven en cada traspaso o cesión un nuevo filón para llenar de dinero sus bolsillos. Ningún futbolista dura más de un par de años en el mismo equipo. Los hinchas no tenemos tiempo de cogerles cariño y sentirles como parte del club. Por suerte existen tipos como Totti, que rechazó suculentas ofertas para ir a jugar lejos de su querida Roma, que se enamoró de su ciudad, de su equipo y de su gente, y que no quiso venderse por un puñado de euros. ¿A quien no le gustaría tener un Totti en su equipo?

Francesco Totti es una ilustración de una serie que hice de "Cracks Mundiales". Es una ilustración hecha con portaminas y tinta. Tras el escaneo la trabajé en Adobe Illustrator. La textura de la barba la hice con el mismo programa para darle más realismo a la imagen. El mote del jugador lo puse bajo la ilustración con el color naranja de la Roma.

jueves, 25 de mayo de 2017

Sangre, sudor y sangre

Terry Butcher
Todos los deportes, y el fútbol no iba a ser menos, son susceptibles de causar daños o lesiones a quienes lo practican. Hay lesiones que suelen ser más frecuentes en ciertos deportes o que aparecen con los años tras la práctica continuada. Casi nadie está a salvo.
El fútbol, como hablaba en anteriores entradas, se lleva la palma en cuanto a la teatralidad de sus jugadores. A nadie le extraña en absoluto ver a un futbolista retorcerse de dolor en el suelo tras el roce con un rival. Hay infinidad de vídeos por la red en las que pueden verse miles de ejemplos de teatro, de jugadores pillados "in fraganti" sin siquiera haber tenido contacto más que con el aire, retorcerse en el suelo y reclamar justicia para su supuesto verdugo. 
Uno de los mayores problemas de este espectáculo es que incluso con la tecnología actual es difícil saber cuando un jugador finge o cuando le acaban de levantar por los aires de verdad. De ahí que muchos árbitros reclamen el llamado VAR (Videoarbitraje) para salir de dudas en ciertas jugadas durante el partido, siendo las entradas fuertes una de ellas. 
Porque, y debemos ser sinceros, pocas veces hemos podido ver a un futbolista recibir una entrada o golpe por parte del rival y levantarse del suelo sin más, sin pedir justicia. Pocas veces, si, pero para bien o para mal, han habido casos. Uno de los más famosos es el que ocurrió el 6 de septiembre de 1989 en Estocolmo, Suecia. Aquél día Suecia recibía a Inglaterra en un partido clasificatorio para el Mundial de Fútbol de Italia '90. En la defensa del equipo visitante jugaba Terry Butcher (aquel al que Maradona tuvo de testigo en el famoso partido de la Mano de Dios y del Gol del Siglo) quien, al principio del encuentro, se hizo una brecha en la cabeza por la que comenzó a sangrar abundantemente. Atendido por los médicos de su equipo, Butcher siguió jugando durante los noventa minutos con la cabeza vendada. Pese al aparatoso vendaje, la sangre continuó saliendo hasta convertir su camiseta (bueno, todo su ser) en algo digno de una película de terror. El propio futbolista no dudaba en utilizar su cabeza para ir a por el balón. Al bueno de Terry no se le oyó queja alguna durante ni después del partido. ¿Se imagina ver una escena parecida hoy en día? Está claro, ningún futbolista puede, actualmente por cuestiones sanitarias, jugar ensangrentado. Pero incluso si se pudiese, nadie lo haría. Preferirían el teatro a lo que hizo Terry Butcher. Eso le costó sangre, sudor...y más sangre.

Tranquilo, lector, lo que hay en la ilustración no es sangre de verdad. Son manchas rojas hechas con pinceles en Adobe Photoshop tras haber acabado la ilustración. La ilustración fue hecha a portaminas y tinta, escaneada y trabajada en Adobe Illustrator.

jueves, 18 de mayo de 2017

¡Che, Pibe!

Carlos Valderrama
Los futboleros de mi generación saben de lo que hablo. No habían tantos partidos televisados ni tanto circo alrededor de éste hermoso deporte, de tal forma que era fácil identificar a tu jugador preferido cuando veías un partido por la tele. Si además era un tipo con talento y estilo era aún más fácil. Y si tenía algún rasgo físico destacable más todavía. 
Todo esto era lo que tenía Carlos "El Pibe" Valderrama. Jugaba que daba gusto verle y tenía (tiene, que doy fe de ello) una tupida melena rubia que le hacía visible desde la puerta de tu casa. Reconozco que en mi tierna infancia no pensaba que llevaba el pelo tintado, ni siquiera cuando veía su negro mostacho. ¡Serían los genes, que se yo!
Valderrama fue, para su época, un trotamundos del fútbol. Pasó por varios equipos colombianos y dio el salto a la MLS de EEUU después de haber jugado en Europa (Valladolid, tocada de huevos por parte de Míchel incluida, y Montpellier). En los EEUU está considerado uno de los mejores futbolistas que pasaron por aquella liga, ¡y mira que han pasado muy buenos jugadores por allí. 
En su selección marcó una época, con un equipazo dirigido por Pacho Maturana y jugando junto a monstruos de la talla de Leonel Álvarez, el Tino Asprilla o René Higuita. Aquella selección será recordada por haberse paseado en las eliminatorias al Mundial de EEUU '94 con un recordado 0-5 a la todopoderosa selección de Argentina en el mismísimo estadio Monumental de Buenos Aires. Aquel equipo fue de los que enamoraron a propios y extraños, jugaban un fútbol vistoso y divertido. Valderrama era el director de la orquesta en el centro del campo y el resto jugaba. Era un placer para la vista de cualquier futbolero. Eso y más era El Pibe.

Ilustración realizada con portaminas Staedler, entintada con Faber-Castell y escaneada. El perfilado de las líneas y el coloreado fueron hechos con Adobe Illustrator. El balón es un vector de un banco de imágenes. Para darle más volumen al pelo de Valderrama utilicé una muestra de textura de Illustrator.

jueves, 11 de mayo de 2017

Ser profeta en tu tierra

Iago Aspas
Esta semana es muy importante en la de los más de 90 años del Celta de Vigo. Uno de los históricos de La Liga vio recompensada una de sus tantas buenas temporadas en primera con una aventura europea. El destino quiso que en las semifinales se encontrase con el Manchester United de Mourinho y ya en la ida le dejase con un pie fuera de la Europa League. Como hasta el pitido final no hay nada seguro, confío en el club gallego para dar vuelta la eliminatoria y hacer más historia. 
Mientras llega ese momento, hoy hablo de Iago Aspas. El delantero, gallego de Pontevedra, es una de las figuras del Celta, un equipo que Eduardo Berizzo ha sabido hacer fuerte a base de una buena plantilla y sin estrellas mediáticas. Mucho trabajo y fútbol ofensivo. Iago no es un grandísimo goleador ni es un mago de las asistencias pero es de esos jugadores que quieres tener si o si en tu equipo. Garra, entrega y carácter.
Tanto es así que cuando comenzó a destacar en Vigo, llegó el Liverpool para hacerse con él. La Premier League tiró de talonario para hacerse con una de las sensaciones de La Liga. Parecía una apuesta segura. El gallego fue rumbo a la cuna de los Beatles pero la cosa no fue como él lo habría esperado. Pocos partidos jugados y sin goles en su haber, hicieron de Aspas un juguete roto en medio de tantas estrellas. 
Regresó a España porque era su lugar, donde se encontraba más a gusto y donde podía mostrar todo su potencial. Era su lugar y su momento. Pero no su equipo. El Sevilla fue su destino pero tampoco se encontró cómodo pese a hacer una buena temporada (no podía empeorar lo de Inglaterra). 
El profeta quería regresar a su tierra. Galicia es su lugar, su zona de confort y donde da lo mejor de si en una cancha. Iago Aspas es un referente del equipo, de esos nombres que, aún sin saber la alineación de memoria, sabes que está, que juega siempre que puede. 
Aspas juega en uno de los mal llamados "equipos pequeños" de La Liga pero es un gran jugador, de los que hará historia cuando cuelgue los botines. Quien sabe si quizás de los que haga historia en Europa, el destino da mil vueltas. Será recordado por ser un profeta en su tierra. 

Esta ilustración la hice con lápiz y tinta. Escaneada y trabajada en Adobe Illustrator, la coloreé y sombreé con el mismo programa. El color rojo de debajo de su camiseta celtiña hace un guiño a su paso por Liverpool, así como las letras que acompañan el dibujo, hechas también con Illustrator.

jueves, 4 de mayo de 2017

Coños o sandías

David Barral


Las redes sociales son, desde hace unos años, el canal directo de muchos futbolistas con sus aficionados. Antes de existir estas redes, la relación de los deportistas con sus seguidores era a base de ruedas de prensa o entrevistas en donde la información que se daba estaba (y lo sigue estando) muy estandarizada y controlada. ¿A quien no le suenan frases como "el fútbol es así", "somos once contra once" o "va a ser un partido difícil"? El futbolista responde todo de una manera políticamente correcta, salvo algún que otro arrebato delante de los micrófonos.
Ahora bien, la aparición de Twitter, Facebook o Instagram dio rienda suelta a la información directa y en tiempo real. El futbolista ya no tiene que esperar a la rueda de prensa o a que se publique su entrevista. Ahora el que manda es él. Puede decir y hacer lo que le de la gana con su móvil.
Hay futbolistas muy aficionados a lanzar mensajes a través de estas redes. Gerard Piqué, Iker Casillas o, el personaje de hoy, David Barral han tenido varios minutos de fama fuera de las canchas por haber publicado declaraciones o imágenes con algo de polémica. Y parece que la cosa va para largo.
Famoso es un tweet de Barral durante aquel caluroso verano de 2014. El tweet, de manera literal dice así:
"Ojú, hace tanta calor, que si me dieran a elegir entre comerme un coño o una sandía bien fresquita, me comía un coño, pa que te voy a mentir."
La ilustración, inspirada en una foto publicada por el mismo futbolista, es toda una poesía acompañada de esa declaración. El tweet fue noticia en todos los medios y demostró que las redes sociales son un poderoso canal de comunicación entre futbolistas y seguidores. El futbolista puede decir lo que quiera y cuando quiera de manera directa, a pelo. ¿Alguien se imaginaba a David Barral en rueda de prensa soltando semejante bomba? Quien sabe, conociendo a David, cualquier cosa hubiera sido posible. Quizás se hubiese comida la sandía delante de todos. ¿O no?

La ilustración está hecha con acuarelas para el fondo de color, la cabeza, la camiseta y la famosa sandía que lleva en la mano. El pelo y las cejas los hice con rotulador negro así como los detalles de la cara y manos. El sombreado también lo hice con rotuladores. En Adobe Photoshop ajusté el tono de los colores.

jueves, 27 de abril de 2017

El conejito de Duracell

David Villa
El futbolista profesional a partir de los 30 años ya no es competitivo. Los veteranos se arrastran por el campo. A esas edades ya no están para jugar. ¿Quien no ha oído (o peor aún, dicho) alguna vez alguna de estas frases en ambientes futboleros? Muchas veces y la mayoría de ellas de manera rotunda. Es algo que se dice casi como un mantra sin evaluar realmente el rendimiento del deportista. Evidentemente, un chaval de 20 años tiene una potencia, una capacidad física y una explosividad que no tiene uno de 40. Eso es cierto. Pero, ¿alguien puede pretender que esos 20 años de diferencia entre uno y otro jugador no se noten fisicamente?
Como amante del fútbol debo reconocer (y usted, querido lector, también debería hacerlo) que hay muchos futbolistas que, como el buen queso curado, mejoran con el paso del tiempo. Voy a tirar nombres: Ibrahimovic (al momento de escribir estas líneas acaba de sufrir una grave lesión), Buffon, Pirlo o nuestro querido David Villa.
El Guaje comenzó a jugar al fútbol en su Asturias natal para pasar al Zaragoza y dar el salto al Valencia, en donde se consagró como futbolista goleador. Casi rozando la treintena, Villa fue traspasado al todopoderoso Barcelona en una operación que parecía su jubilación anticipada. Nada más lejos de la realidad. Villa demostró que tenía cuerda y jugó tres años más a un altísimo nivel (ganó todos los torneos con el equipo catalán: Liga, Copa, Champions y Mundial de Clubes). Ya con 32 años se marchó al Atlético de Madrid. Si, definitivamente ese era su retiro, pensábamos los amantes del buen fútbol. Jugó un año y se marchó. ¿A donde podría ir a penar un delantero, al que se le exige potencia, velocidad y goles, con 33 años? ¿A un club de Segunda B? ¿A un torneo de solteros contra casados? 
No, el gran David Villa fue a derrochar talento a EEUU, a la Major League Soccer. El New York City (previo paso durante unos meses por su filial australiana) apostó fuerte por él para apuntalar su delantera y convertirle en un gran reclamo para hinchas y curiosos. La apuesta le salió perfecta. David sigue dando batalla por las canchas de Norteamérica y se cansa de meter goles. Ya cerca de los 36 años el Guaje parece no querer colgar las botas y se lo pasa pipa jugando como un chaval. Parece el conejito de Duracell. 

La ilustración pertenece a una serie que realicé sobre grandes futbolistas de la historia. Basada en una fotografía, realicé la ilustración a lápiz y tinta. Tras escanearla, la coloreé con Adobe Illustrator retocando las líneas para darle más volumen y profundidad. También añadí una textura para la barba aplicando un motivo de Illustrator.

jueves, 20 de abril de 2017

El Diablo no viste de Prada

Marco Antonio Etcheverry
No, el Diablo no viste de Prada. Viste de corto y da gusto verle. Y tiene nombre y apellido: Marco Antonio Etcheverry Vargas. Nació ya hace 46 años en Santa Cruz, Bolivia. Dejó de jugar de manera profesional hace ya unos años tras haber jugado en equipos como el Albacete, Bolívar o DC United. 
Dicen de él que, cuando fue a jugar a Europa, le pudo la fama y su rendimiento no fue el mejor, que su estado de forma cayó en picado. Calidad le sobraba. Prueba de ello es que está considerado uno de los mejores jugadores de la historia de la Major League Soccer (la liga de fútbol de los EEUU) y es uno de los 10 jugadores que más partidos ha jugado con la selección boliviana. 
Quizás por ser del país que es, sin tantísima tradición futbolística, el Diablo no fue considerado una estrella como tal. Tuvo que trabajarse mucho su fama y tuvo momentos de gloria. El que más recuerdo fue durante las eliminatorias sudamericanas para el Mundial de fútbol de EEUU '94. Esa fase de clasificación fue un hito para el fútbol boliviano (no se clasificaban a un Mundial por primera vez, ya lo había hecho en 1930). El hecho destacado de aquella fase fue el triunfo sobre Brasil. Si, jugaban en la altura de La Paz pero era el primer partido que perdía Brasil en una fase de clasificación a un Mundial. Un auténtico partidazo en el que nuestro protagonista participó con un gol. El fútbol mundial se rendía a sus pies y a los de aquel equipo por el que nadie daba nada (Xabier Azkargorta tuvo el honor de dirigir aquel equipo mítico). En el mundial los bolivianos cayeron rápido, ¡pero que les quiten lo bailado!
En el 2004 y tras una dilatada carrera profesional, Marco Antonio colgó los botines. Sigue ligado al mundo del fútbol. El que le dio tanta fama y alegrías. Como aquella tarde del mes de julio de 1993 contra la invencible y todopoderosa Brasil.

La ilustración forma parte de una serie que realicé sobre los mejores jugadores de la MLS. Fue realizada a lápiz y tinta, escaneada y coloreada en Adobe Illustrator. El rojo de la camiseta es por el DC United y por ser el diablo, claro.