jueves, 23 de marzo de 2017

The Fresh Prince of Las Palmas

Kevin-Prince Boateng
“Gasté todo mi dinero en coches, discotecas y amigos que en realidad no lo eran”.
Parece una frase del mismísimo George Best arrepentido, en un momento de flojera mental. La frase la pronunció, sin embargo, el ghanés (aunque nacido en Alemania) Kevin-Prince Boateng.
Boateng es uno de tantos jugadores díscolos y rebeldes que aparecen por el panorama futbolístico cada cierto tiempo. Son chicos indisciplinados que no saben asimilar la fama o el dinero, o quizás la peligrosa mezcla de ambas. Como se suele decir, es difícil saber llevar esa mezcla explosiva con discreción y perfil bajo. Ni siquiera usted, querido lector, sabría como llevarlo bien (si es que puede hacerse de esa manera, claro).
El bueno de Kevin-Prince parece haberse dado cuenta de ello en la madurez de su carrera, con los 30 recién cumplidos. Tarde pero seguro, como dice el refrán. 
El ghanés tuvo que salir adelante en los duros suburbios de su Berlín natal, pasando por equipos como el Hertha Berlín, el Tottenham inglés o el Milán, hasta recalar en la isla de Gran Canaria. Jugando en Las Palmas parece haber encontrado su sitio, en donde fue recibido como toda una estrella, a lo grande (y en donde triunfa, todo sea dicho).
Atrás quedaba esa triste imagen del jugador fumando y bebiendo cerveza a la espera de un control anti doping en Alemania o aquella expulsión de la selección de Ghana por indisciplina. El bueno de Boateng se ha enderezado y ya es un chico bueno. ¿O no?
Bueno, con estos Romario, Gascoigne, Maradona o Cassano nunca se sabe, el niño rebelde que llevan dentro amenaza con asomar en cualquier momento. Por lo pronto, Boateng se ha asentado como "The Fresh Prince of Las Palmas". 

Ilustración hecha con acuarelas. Las manchas de la cara y el cabello las hice primero para luego detallar con lápiz y tinta las facciones y algo de pelo, así como su tatuaje en el cuello. El sombreado está hecho con rotuladores. El retoque de color está hecho con Adobe Photoshop.


jueves, 16 de marzo de 2017

Me dicen el Matador

Mario Alberto Kempes
Esta semana un grande del fútbol español y europeo está de celebración. Aunque sus últimos años no están siendo los mejores para la entidad, el Valencia Club de Fútbol se ha ganado durante estos casi cien años de historia un lugar en el corazón de quienes amamos este deporte.
¿Quien puede olvidar a grandes plantillas, jugadores y entrenadores que han defendido estos colores? No me diga que no le suenan nombres como Di Stéfano, Zubizarreta, Ranieri, Villa o Mundo. Gente que ha sabido ganarse a la muy difícil grada de Mestalla a base de garra y entrega. Afición muy criticada en las últimas temporadas por su supuesta falta de apoyo a un equipo que ha tenido altibajos (más bajos que altos) en los últimos años. Pese a señalar a jugadores que no han dado ni dan la talla para vestir los colores del Valencia, son muchos más los jugadores que pueden decir que con entrega y sudor, la afición siempre estará de su lado.
Las leyendas de este gran club se han ganado la admiración y respeto dentro y fuera del campo. Mario Alberto Kempes, una de las "vacas sagradas" de la historia del club, es un ejemplo de ello. Como jugador lo dio todo, era pura garra, potencia y gol. Tuvo un fugaz paso por el banquillo de Mestalla en aquella famosa dupla con el uruguayo Héctor Núñez (era su segundo, pero sufría como el que más) y llegó a ser embajador del club. Los actuales gestores del club, en un acto insólito tras no digerir unas merecidas críticas por parte del "Matador", decidieron prescindir de la figura de Kempes como embajador. Pese a todo, el amor del argentino por el Valencia es incondicional. Como muchos otros ex-jugadores, no pierde ocasión de ofrecerse para ayudar al club de sus amores de todas las maneras posibles. Hombre de club.
Esa es la huella que deja un club casi centenario en el corazón de la gente que tiene el orgullo de defender sus colores. ¿Grada crítica? Más bien exigente, diría yo, porque sabe que sus jugadores pueden conseguir cosas importantes si se lo proponen. ¿O acaso aquel famoso Valencia de Benítez era un crisol de estrellas? No se trata de tener nombres en el club, sino de hombres. Gente implicada como El Matador, don Mario Alberto Kempes. Amunt!

Ilustración hecha con portaminas de 0'5 mm. y pasada a tinta. Escaneada y trabajada con Adobe Illustrator. Las letras de "Matador" fueron añadidas para crear una composición en homenaje al jugador.

jueves, 9 de marzo de 2017

El alumno aventajado

Eduardo Berizzo y Marcelo Bielsa
Siempre se ha dicho que para poder llegar lejos en cualquier campo o actividad es bueno (y muy necesario) tener un mentor. Según la Real Academia Español, un mentor es un "Consejero o guía". Se supone, entonces, que un mentor es alguien que ha recorrido tu camino y que puede enseñarte cosas que quizás tú mismo no podrías aprender por tu cuenta (o te costaría muchísimo hacerlo). En base a su experiencia vivida, el mentor está a tu lado para facilitarte las cosas. Esto, claro está, se aplica a todas las facetas de la vida. Y el fútbol, por supuesto, no iba a ser una excepción. 
En el deporte rey hay mentores dentro y fuera de la cancha. Hay jugadores veteranos que "apadrinan" a jóvenes dispuestos a comerse el mundo y entrenadores que velan por sus pupilos aconsejando lo mejor para ellos. 
Hoy en el blog hablamos de Marcelo Bielsa y uno de sus discípulos más conocidos en la liga española, Eduardo "Toto" Berizzo. La mayoría de mis recuerdos futboleros de niños ocurrieron en la cancha de River Plate pero había un equipo que siempre me hacía gracia por su juego y por su política de exprimir al máximo su cantera: Newell's Old Boys. Recuerdo de aquel equipo muy buenos jugadores como Abel Balbo, Mauricio Pochettino, el "Tata" Martino o Eduardo Berizzo. Y su director de orquesta era un tipo que ya entonces era apodado el "Loco" por su revolucionaria manera de organizar y controlar al equipo. Recuerdo ir con mi hermano a la cancha de Platense para ver la "vuelta olímpica" de Newell's en el '92. La gente estaba eufórica por el título de liga conseguido y por lo que había conseguido aquel loco. Y como leí en una reciente entrevista a Pochettino (hoy un exitoso entrenador), "Bielsa marcó a toda una generación". Y añado, dentro y fuera de la cancha. 
Hay quien se muestra un tanto crítico con su manera de dirigir y sus excéntricos métodos (su punto de locura es imprevisible) y hay quien va más allá diciendo que será todo lo loco que quiera pero que títulos ha ganado pocos. Y puede que sea cierto, pero también lo es que algo tiene que tener Marcelo para haber influido tanto en otros entrenadores que han ido tomando su relevo. 
Eduardo Berizzo, que ya lleva tres temporadas al frente del Celta de Vigo, ha sabido ganarse el respeto de su equipo y del resto de la liga aplicando el "método Bielsa", siendo muy meticuloso en la labor de cada jugador, juego ofensivo y mucho toque de balón. Se nota su influencia, ya que en el caso de el "Toto", tuvo la suerte de tenerle como entrenador y compartir banquillos como ayudante suyo.
Para los amantes del fútbol espectáculo (no resultadista, para entendernos) es un placer que existan entrenadores influenciados por don Marcelo. Y que vengan muchos más. 

Ilustración hecha con Adobe Illustrator tras el escaneado de un boceto a lápiz. La composición está tomada de una fotografía de ambos entrenadores. El símbolo de peligro biológico colocado en la ropa de Bielsa enfatiza su fama de loco. Con líneas punteadas jugué a dirigir la mirada de ambos.

jueves, 2 de marzo de 2017

Born in the USA

Clint Dempsey
Soy un loco del fútbol. Por eso existe este blog y por eso no paro de dibujar y dibujar todo lo que le rodea. Me apasiona. Me encanta. El fútbol, dicen, es el deporte rey pero no en todo el mundo. Hay deportes que a los futboleros nos suenan a chino mandarín pero que tienen más deportistas y audiencia de lo que nunca podríamos imaginar. Sirva como ejemplo el fútbol australiano en su país de origen, el tenis de mesa en China o el esquí en Suiza. ¿Y en Estados Unidos, que pasa allí? Allí todos sabemos que el pastel de los deportes se reparte entre el fútbol americano, el baloncesto y el béisbol. Pero poco a poco el fútbol (el soccer, que le llaman por aquellas tierras) va ganando terreno. Quien sabe si por la influencia de la población latina, por la novedad o simplemente por moda, el caso es que poco a poco el fútbol en EEUU da mucho de que hablar.
Tuvo, hace años, una etapa dorada con jugadores míticos en las filas de los equipos de la desaparecida North American Soccer League que existió entre 1968 y 1984. Por allí pasaron estrellas como Johan Cruyff, George Best, Pelé o Beckenbauer. Diversos motivos, sobre todo económicos, llevaron a su desaparición. Parecía que el sueño se esfumaba para siempre.
Pero en los años 90 el fútbol en los EEUU tuvo otro momento de auge con la organización del Mundial de 1994. Parecía que el soccer volvía con fuerza y de hecho se creó una nueva liga, la Major League Soccer, que era un requisito impuesto por la FIFA para organizar el evento (aunque comenzó en 1996). 
Poco a poco la selección yankee se iba haciendo más y más fuerte porque ya no solo se encomendaban a estrellas europeas o latinoamericanas sino que se preocupaban por formar a jóvenes talentos del país. 
Pese a todo muchos futbolistas foráneos han pasado por sus filas como una forma de reforzar la liga y aportar talento y cartel a sus equipos: David Villa, David Beckham o Andrea Pirlo son alguno de los que han pasado últimamente por allí. 
Pero también hay talento local. Recuerdo de niño ver a tipos como Alexi Lalas o Tony Meola a un altísimo nivel y sorprendiendo a más de uno que no daba un céntimo por ellos. Y actualmente han tomado el relevo jugadores como Chris Wondolowski, Landon Donovan o el que ilustra el artículo, el tejano Clint Dempsey.
Por todo esto y por lo que está por venir, confío en que EEUU va a aportar mucho y de gran calidad al mundo del fútbol. In soccer we trust.

Ilustración basada en una fotografía del futbolista. Hecha a lápiz en tamaño A3, escaneada y trabajada en Adobe Illustrator. Los trazos de las líneas y el sombreado los retoqué con la aplicación para darles un toque más realista. El coloreado también lo hice con Adobe Illustrator. Las letras del balón las coloqué para darle un toque humorístico a la ilustración.

jueves, 23 de febrero de 2017

Soñar despierto

Ibai Gómez
Decía en anteriores entradas del blog que, como hinchas y enamorados del fútbol, solemos tener empatía por los equipos (mal llamados) pequeños y humildes. 
Aún recuerdo con cierta nostalgia aquella plantilla del Levante elaborada a coste cero y que llegó hasta los octavos de final de la Europa League en la temporada 2012/13. Tipos sin cartel ni estrella que lo dieron todo en cada partido para poder cumplir su sueño y tocar el cielo con las manos. Eso, para el hincha, no tiene precio. No quieres estrellas en tu equipo, quieres gente implicada.
Avancemos unos años hasta el 2017 en donde nos encontramos a un histórico del fútbol español, el Deportivo Alavés (96 años de historia), plantado en la mismísima final de la Copa del Rey. A priori llegar allí, y más con el sistema de competición a doble partido, pintaba muy difícil. Pero ahí están, habiendo dejado a equipos como el Deportivo o el Celta en la cuneta. 
En esa dura final (como todas, vamos) se han encontrado al Barcelona y quien sabe lo que puede pasar. Porque, ¡ojo!, no olvidemos que el Alavés es el mismo equipo que hace años (Allá por el 2000) llegó a la final de la entonces Copa UEFA y perdió en un dramático partido contra nada más y nada menos que el Liverpool (El famoso 5-4). Así que nadie debería dar nada por hecho. 
Y como el fútbol da muchas vueltas y sobre todo muchas más oportunidades, en el Deportivo Alavés podemos encontrarnos a jugadores como Alexis Ruano, Deyverson, Toquero (quien ya jugó una final de copa, al igual que Alexis y el protagonista ilustrado) o el que ilustra esta entrada, Ibai Gómez. Jugadores maduros por los que casi nadie daba mucho pero que han demostrado que algo de cuerda les quedaba (les queda). Todos ellos dirigidos por un clásico del fútbol español y con acento argentino: Mauricio Pellegrino. Otro entrenador que salió por la puerta de atrás del Valencia (uno de tantos) y que parecía que no lograría nada tras aquella amarga experiencia. 
Solo espero, al igual que cualquier otro hincha, un partido entretenido, con goles y emociones.... y que gane el mejor. Y si gana el Alavés, mejor aún. Porque se puede soñar despierto. 

Ilustración totalmente hecha a mano. Como hice con otras de técnica similar, fui creando las "manchas" de la cabeza, mano y camiseta a ojo con acuarelas. Luego dibujé con portaminas Staedler los detalles de la cara y camiseta para después entintarlos con Faber-Castell de punta fina. El sombreado también está hecho con rotuladores. El retoque final de colores y contraste está hecho con Adobe Photoshop.


jueves, 16 de febrero de 2017

Evasión o victoria

Sylvester Stallone
Evasión o victoria (Victory, en el original) es una película de culto del cine en general y del cine futbolero (si es que existe tal género) en particular. Es esa película que todos (los de mi edad, mas o menos) hemos visto en alguna ocasión y que incluso al verla en la televisión al hacer zapping nos hemos parado a verla porque engancha. La hemos visto entera o a pedazos. Además del excepcional reparto en el que figura Sylvester Stallone, Michael Caine o Max Von Sydow podemos deleitarnos con grandes futbolistas (y peores actores) de la talla de Pelé, el pitón Ardiles o Bobby Moore. Canela en rama, que se diría. 
El film está basado en una historia real de un partido que tuvo lugar en la Ucrania ocupada por los nazis y en el que el equipo "local" de ex-futbolistas ucranianos, pese a ser advertidos de las fatales consecuencias que tendría una victoria suya, se enfrenta a un combinado de alemanes nazis en un campo de concentración. En resumidas cuentas, los prisioneros le echan un par de narices y no solo ganan, sino que bailan a sus verdugos contra todo pronóstico. 
¿Quien no puede sentir algo de empatía con estos prisioneros? ¿Quien no siente un cosquilleo en el cuerpo cuando el pez pequeño se come al grande? ¿Porque estamos deseando que el equipo pequeño y débil le de una lección al grande y poderoso? Forma parte de la cultura futbolera, queremos ver a nuestro equipo batir al rival todopoderoso. Al precio que sea. En el caso de la liga española podría decirse que la historia es esa desde que comenzó la liga allá por el año 1929. Si no eres del Barcelona o del Madrid, estás deseando que llegue el partido deseado y ver como tu equipo se parte la cara para llevarse no solo los tres puntos, sino el orgullo y reconocimiento por haber batido al favorito. Es el gustazo de la temporada. Y así pasa en todas las ligas y grandes torneos. Incluso si el perdedor es tu equipo, llegas a sentir algo de simpatía por esos once tipos que han peleado hasta el final para ganar.
Ejemplos hay muchos. ¿Recuerdan aquella victoria de Camerún contra la campeona mundial Argentina en Italia 90? ¿O aquella del Deportivo en el Bernabéu contra el Real Madrid en la famosa final de Copa del Rey del centenariazo? ¿Quizás el reciente 1 a 7 de Alemania ante la local y favorita Brasil en el pasado Mundial?
Por suerte han habido y habrán partidos en donde el favorito cae. Y lo hace porque el rival débil ha sabido escoger entre Evasión o Victoria. 

Esta ilustración está hecha 100% a mano. Basada en un fotograma de la película, primero utilicé portaminas Staedler de 0'5 mm para luego perfilarla con Faber-Castell y colorearla con rotuladores Promarker. El sombreado fue hecho también con rotuladores. Para corregir el tono y la saturación utilicé Adobe Photoshop.

jueves, 9 de febrero de 2017

Reaccionar o morir

Roberto Fabián Ayala
Hace unos días, y mucho tiempo después de su estreno, tuve ocasión de ver la galardonada película Gravity. Me gustó mucho. El desarrollo de la historia hasta el final te mantiene en constante tensión. El resumen de la historia en una frase sería algo así como: "lucha y ve a por todas si no quieres morir en el intento". Una máxima que debería aplicarse a todos (o por lo menos a la mayoría de) los aspectos de la vida. 
En contrapartida al visionado de la película, llevo muchos años siguiendo (sobre todo por TV) al Valencia, y las últimas temporadas están siendo una auténtica pesadilla. En este caso se podría decir que la máxima de la película Gravity, por lo menos a nivel deportivo, no se aplica para nada. Cuesta ver un partido del Valencia de los últimos dos o tres años (salvo contadas excepciones) sin preguntarse si esos jugadores saben lo que es luchar e ir a por todas. O si lo saben no lo plasman en la cancha.
Hay quien dice que si no hay calidad en la plantilla, hay quien dice que faltan estrellas Hay teorías para todos los gustos e hinchas al respecto. Sobre la calidad de la plantilla uno puede discutir largo y tendido hasta que a uno le vienen a la mente nombres como Rufete, Mista, Carboni, Albelda o el que ilustra el artículo, Roberto Fabián Ayala. ¿Eran todos ellos unos portentos técnicos? Probablemente no lo fueron pero supieron suplir esa carencia con una entrega y garra terribles, sabían intimidar (en el mejor de los sentidos) al rival. Tenían lo que por estas tierras se denomina Sentiment (Sentimiento, en español). Sabían, como buenos profesionales que eran, que no solo defendían a la empresa que les pagaba la nómina, sino que defendían unos colores, una historia e incluso una afición. 
Quizás si los miembros de la actual plantilla supieran entender esto podrían comenzar a enderezar la situación y aspirar a algo más que a no descender a segunda división. 
Sentiment, señores jugadores, necesitamos sentiment.

La ilustración está basada en una imagen muy conocida de Ayala. La realicé con portaminas Staedler 0'5mm y luego la entinté con Faber-Castell. Tras escanear la ilustración la trabajé con Adobe Illustrator para colorearla y sombrearla. Las letras las coloqué también con Illustrator y les dí un pequeño toque tridimensional para darles volumen.

jueves, 2 de febrero de 2017

Dándole la mano a Dios

Peter Shilton y Ali Bin Nasser
El 22 de junio de 1986 iba a pasar a la historia por muchas cosas. Estábamos en plena recta final del mundial de fútbol de México. Se jugaban los cuartos de final entre Argentina e Inglaterra (los otros cuartofinalistas eran la Brasil de Sócrates, la Francia de Platini, Alemania Federal que llegaría a la final, México con Hugo Sánchez, la España de Butragueño y la Bélgica de Enzo Scifo).
Había muchísima tensión en el ambiente. El motivo no era otro que la guerra, la maldita guerra. En 1982 la dictadura militar que gobernaba Argentina, en un intento de ganar apoyo popular, decidió intentar recuperar por la fuerza la soberanía de las Islas Malvinas (las llamadas Falklands por los ingleses). La guerra entre ambos países se desató y la contienda duró poco más de dos meses. Cientos de muertos en ambos bandos dejaron una herida que en aquel Mundial seguía sangrando. 
Muchos medios de comunicación se dedicaron a promocionar aquel partido como una especie de revancha tras la guerra. Y eso pasó. No había más que ver las caras de los jugadores mientras sonaban los himnos nacionales. El partido prometía emociones fuertes.
Y vaya que si las hubo. Aquel partido será siempre recordado por dos hechos en los que, dicen los supersticiosos, hubo intervención divina: en el minuto 6 de la segunda parte Peter Shilton, el portero inglés, va a por un inocente balón bombeado al que llegan antes la cabeza y la mano de Diego Maradona. Primer gol de Argentina. El segundo hecho ocurrió tan solo 4 minutos más tarde. Tras recibir un pase del "Negro" Enrique en mitad de la cancha, Diego Maradona comienza a irse de medio equipo inglés en dirección a la portería inglesa (dejó atrás a Beardsley, Reid, Butcher, Fenwick y Peter Shilton) para marcar el gol más bonito de la historia, el gol del siglo. Si a esto añadimos el relato de Victor Hugo Morales a uno se le pone la piel de gallina (hágalo, por favor, vea el vídeo aunque solo sea una vez en su vida).  Resultado final: Argentina 2, Inglaterra 1 (descontó Gary Lineker).
Todo esto pasó aquel 22 de junio de 1986, aquel en el que Peter Shilton, ante la inocente mirada del árbitro tunecino Ali Bin Nasser, daba la mano al inicio del partido a Dios, a Diego Armando Maradona, sin saber lo que iba a ocurrir. 

Ilustración realizada íntegramente a mano. Portaminas Staedler 0'5mm con entintado de Faber-Castell. El color y el sombreado lo puse con rotuladores Letraset Promarker. Para retocar la nitidez y el contraste trabajé la imagen en Adobe Photoshop.

jueves, 26 de enero de 2017

La araña negra

Lev Yashin
Lev Ivánovich Yashin fue un gran jugador de fútbol. Nacido en Moscú en 1929, desarrolló toda su carrera en el Dínamo de Moscú. Yashin jugaba de portero y la historia le colocó en el podio del fútbol. Vestía siempre de negro, lo que le valió el apodo de "La Araña Negra".
La FIFA y el IFFHS le nombraron como el mejor portero del siglo XX. Es el único portero, hasta la actualidad, en ganar el Balón de Oro de la prestigiosa revista France Football. Y así hasta acumular muchos premios y reconocimientos. 
¿Que fue lo que le llevó hasta allí? Lev comenzó como portero, pero de hockey sobre hielo. El destino quiso que acabase como portero de fútbol. Allí, en el "equipo de la policía", jugó más de 300 partidos oficiales (en 24 años de carrera profesional). Y de esos partidos, en 270 acabó con la portería a cero, ¡una locura!. Pero ahí no acaba la cosa. El ruso llegó a parar 150 penaltis a lo largo de su carrera. Todo un hombre récord para le época y también para ahora.
En su palmarés no faltan títulos, aunque todos ellos conseguidos con el Dínamo (Ligas y Copas), porque con la selección de la Unión Soviética no ganó nada. 
Como anécdotas destacan dos: hasta ahora el único gol olímpico en un Mundial se lo marcaron justamente a él (el colombiano Marcos Coll en el Mundial de Chile '62) y también fue el primer portero en utilizar guantes (toda una revolución para la época). 
Así era Lev Yashin, conocido popularmente como "La Araña Negra". 

La ilustración, tras haber pasado por lápiz y tinta Faber-Castell, fue escaneada y trabajada en Adobe Illustrator. La herramienta "calco interactivo" y algunos retoques manuales hicieron el resto del trabajo. La pintura fue hecha con la herramienta "bote de pintura interactiva". El sombreado lo hice trabajando con una tableta Intuos 6 de Wacom.

jueves, 19 de enero de 2017

Shut up and take my money

Florentino Pérez
El fútbol es un deporte de once contra once (y siempre gana Alemania, añadió el gran Gary Lineker hace años) en el que da igual lo que haya costado un futbolista. Desde que se inventó este deporte han habido sorpresas en las que el favorito en las apuestas pierde (a veces estrepitosamente) contra el más débil. La lógica de los millones no existe, sino la Quiniela no tendría razón de ser. 
Pese a eso hay presidentes y dueños de clubes de fútbol, sobre todo en Europa y recientemente en China, que están empeñados en gastar millones de euro para tener a las estrellas del momento defendiendo sus colores. Da igual lo que cuesten, hay que gastar millones para generar más negocio. El engranaje del fútbol moderno necesita estar engrasado con traspasos escandalosamente caros. 
Pero claro, como decía al comienzo, no siempre el futbolista más caro es el mejor. Hay jugadores que no se adaptan al juego, a la ciudad, a los compañeros o a otros factores y convierten los millones en papel mojado. 
Pero un fiasco de fichaje no va a asustar a un tipo como, por ejemplo, Florentino Pérez. El amo y señor del Real Madrid se ha especializado, en sus dos etapas al frente del club blanco, en reventar el mercado de fichajes pagando millonadas: 60 millones de euro por Figo, 75 millones por Zidane, 96 por Cristiano Ronaldo o 101 por Bale. Esos eran, en principio, sus caballos ganadores. Entre medias, otros tantos millones en futbolistas de pobre rendimiento: Woodgate, Gravesen o el fiasco Kaká, por dar nombres.
Pero da igual, Pérez tiene (y tendrá, a tenor de sus jugosos contratos a través de la obra pública en España) el dinero por castigo.
Así que ya sabemos, ante un fichaje aparentemente prohibitivo, Florentino dirá: "Shut up and take my money!"

Esta ilustración la realicé con acuarelas y tinta. Primero pinté las manchas de la cara y el pelo con las acuarelas. Luego con Faber-Castell pinté las líneas de la cara y las expresiones del rostro. El sombreado lo hice con rotuladores Letraset Promarker. La frase debajo del personaje fue hecha con Adobe Photoshop.